viernes, 21 de noviembre de 2014

Tres días con gluten: El primer día.

Nota previa: Por razones obvias (ni el estudio está terminado ni yo soy médico) el relato de mi experiencia participando en este estudio no incluirá conclusiones médicas. Solo quiero contar mi experiencia en estos días y cómo me he sentido. 

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Bueno, pues ahora sí que sí. 

He sacado dos rebanadas de su paquete y las he pesado: 54 gr. En la bolsa pone que pesan 35 gr. cada una, pero ya veo que no, claro que son las más pequeñas del principio.

Han ido directamente a la tostadora y no pienso hacer ninguna floritura con ellas: solo mantequilla.

Café, dos tostadas .... suena bien, pero con el primer bocado llega la primera decepción: ¡¡aire!! El pan me parece aire, sin consistencia. Intento saborearlo y pensar en si lo he echado mucho de menos y si recordaba ese sabor. Sí lo recordaba, pero no lo he echado de menos: no sabe a nada o sabe muy poco. Desde luego, dista mucho de ser algo delicioso. Tengo en casa, no sé, ¿8 clases de harina diferentes? Mis panes saben a todas esas harinas, tiene olor a pan. ¡Están buenos!

Me cuesta comerme las dos tostadas. No como mucho cuando me levanto precisamente por eso, prefiero hacerlo más tarde, pero si tengo que meterme entre pecho y espalda al menos 6 rebanadas de "eso" hasta el mediodía no puedo dejar de hacerlo a primera hora de la mañana.





He tragado como he podido y como tengo que salir, he pesado otras dos rebanadas y las he metido para comerlas a media mañana. Sin nada. Siempre me pilla el toro, así que pienso en comprar algo para acompañarlas luego.

A media mañana no tengo hambre, estoy en la calle y no he tenido oportunidad de comprar "el relleno", así que, me como las dos rebanadas de pan tal cual. ¡Para dentro! Como el que se toma ese cucharada de jarabe o esa ampolla contra el dolor que sabe a rayos, casi sin respirar. Me ha costado, pero me las he comido. 

Con dos rebanadas más comiendo, se acabará el tema.

Hacia la hora de comer, siento que no me cabe un gramo de alimento más en el cuerpo. Me siento completamente llena, empachada, tengo naúseas ... Creo que es una especie de empacho en toda regla y que no voy a ser capaz de terminar la historia, pero llego a casa, me caliento la comida, peso mis dos rebanadas (que por fin superan los 60 gr) y ataco. Mojando en la salsa, trago de agua, trocito por aquí, trocito por allá ... Ha entrado todo.

Se acabó por hoy. Siento alivio.

Paso todo el día como si me hubiera comido una vaca entera. No tengo hambre en toda la tarde y llego a la cena igual. Me siento incapaz de comer nada más y sólo me animo a terminar el día con un yogur.

Mi familia y mis amigos me están preguntado si me encuentro bien. No he tenido que salir corriendo al baño, no he vomitado y no me duele nada. Estoy bien pero deseando irme a la cama. Me siento completamente agotada.

En este punto ya tengo muy claro que esto no me va a gustar y que no me va a resultar fácil. 

Y todavía faltan dos días ...


¿Será mi cuerpo o mi cabeza? ¿Qué opináis?

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jueves, 20 de noviembre de 2014

Tres días con gluten: Cambio de planes

Nota previa: Por razones obvias (ni el estudio está terminado ni yo soy médico) el relato de mi experiencia participando en este estudio no incluirá conclusiones médicas. Solo quiero contar mi experiencia en estos días y cómo me he sentido. 

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Estoy  nerviosa porque no me gusta que me pinchen. No, no es que no me guste ... ¡Es que odio que me pinchen!. Es curioso como es esto del dolor en las personas. Yo creo que lo soporto bastante bien, pero ese pinchacito que dura décimas de segundo y que yo les digo a mis hijos que es como un mosquito ... ¡ja!.

He recorrido los pasillos y he dado con el lugar donde está el equipo trabajando: investigando. Me siento bien por poder hacer algo que pueda ayudarnos a los celiacos.

La doctora me acompaña, me hacen la extracción (que no es para tanto) y me da las pautas: tienes que consumir entre 160-180 gr. de pan blanco de molde al día.

¿Perdonaaaaaaaaaaa?

¿Cómo? ¿Pan de molde? ¿Sólo pan de molde? ¿Del que se pega a las muelas y al paladar? ¿Y los donuts, las porras, el bocata de calamares y el roscón con nata? ¿Y la salida de tapas, el chino o la cerveza en el bar de mi barrio?

Creo morir, me dan ganas de salir corriendo. 

¿Voy a arriesgar mi salud para comer algo de lo que he pasado toda mi vida? En cuestión de segundos, a mi cabeza acuden ahora unas cuantas ideas y una destaca por encima de todas: podría hacer trampa. Dará lo mismo dos tostadas que dos porras o un bocadillo, vamos, ¡digo yo! Recupero la de lucidez y pregunto que por qué sólo pan. Me han dicho que es una forma de controlar la cantidad de gluten que ingerimos y que va a ser igual en todos los pacientes que participamos en la investigación. El estudio es así: Sólo pan de molde, 160-180 gr. hasta la comida de mediodía.  Tres días. Luego pinchazos: uno a los tres días y otro a los seis días de terminar. Tiene lógica. Es la única forma de controlar de verdad qué estás haciendo, pero ...

¡Qué palo!

¿Qué hacer? Pues apechugar. Nada de trampas Nuria. Si te pones, te pones; si quieres hacerlo, lo haces bien. Esto no es un juego y no consiste en que tú te des el homenaje del siglo. Es algo serio. Es ciencia. Es lo que hay. 

Te lo has pasado muy bien soñando sola y con los demás. Ha sido divertido. Quédate con eso y sigue.

Modo optimista on: Va a estar bien de todas formas. Todos sabemos que hay ahora una auténtica fiebre del pan. Comer buen pan, como el que se ha comido toda la vida, está más de moda que nunca.

Puedo hacer uno. Estaría bien probar qué sale de una bolsa de harina de trigo. Estaría bien vérselas con una masa elástica, amasar a mano y no tener que lidiar con las pegajosas e indomables masas de pan sin gluten. Descarto la posibilidad porque me niego a meter una bolsa de volátil harina en mi casa y a ensuciar todos mis cacharros con ella. Hasta ahí no pienso llegar.

Recuerdo entonces que, no hace mucho, ha escrito el Comidista un post hablando de este tema. Tengo que buscarlo. Hay panaderías muy buenas. ¡¡Vivo en Madrid!! Aquí hay de todo y para todos. ¿No voy a encontrar una delicia de pan? Voy a comprarme el mejor, el más caro y el más rico de todos los panes de molde del mercado. Pasando de marcas blancas.

Pero lo necesito para mañana, soy una estudiante tardía, una gladiadora del hogar, tengo dos hijos, es un día entre semana, tengo clases y deberes y no me ha dado tiempo a investigar ni mucho menos a recorrer Madrid en busca del pan perfecto.

¡¡Hala niños!! Al super a comprarle a mamá un buen pan antes de que cierren.

- ¿Este?

- ¿No hay otra cosa?

- No.

- Pues ese ... artesano ... suena bien. ¡Venga!



Mis hijos llegan con el pan a casa y mi hija (celiaca, 17) me dice algo que ya he oído antes: Te vas a poner mala, estás loca, no lo entiendo ... Y yo contesto lo mismo otra vez: Hay que hacerlo. No me va a pasar nada.

Emocionada, lo que se dice emocionada con la adquisición no se puede decir que esté, pero bueno, yo mañana empiezo y vosotros ...

...  ¿cómo os habéis quedado?


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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Tres días con gluten: Toma de decisiones

Nota previa: Por razones obvias (ni el estudio está terminado ni yo soy médico) el relato de mi experiencia participando en este estudio no incluirá conclusiones médicas. Solo quiero contar mi experiencia en estos días y cómo me he sentido. 

Ya estoy decidida. Ricardo ha sido la persona que me ha hablado del estudio y me ha puesto en contacto con la doctora responsable del mismo. No lo he pensado mucho y he decidido hacerlo. Pienso que poco malo me puede pasar, al fin y al cabo, fui diagnosticada asintomática. Pero ¿y si ahora mi cuerpo reacciona hacia algo que ya no conoce como antes? Sé, porque así está demostrado, que en tres días es difícil que me pase nada grave y que la reintroducción de gluten en la dieta formaba parte de los anteriores protocolos para diagnóstico de enfermedad celiaca. Yo nunca he tenido molestias intestinales ni reacciones inmediatas después de un descuido o una posible contaminación. Soy candidata para este estudio precisamente por este motivo. Puede que me hinche y tenga gases en algún momento. Soportable.

Mis amigos celiacos me apoyan y no me siento sola en esta aventura. Comento con ellos casi cada paso. Todos lo entienden: Lourdes Ricardo creen que no va a pasar nada pero Amaya, que es muy sensible al gluten, se preocupa de lo que pueda pasar. 

Así que ¡¡voilá!! Como dice mi padre, más vale morir harto que morir falto, si lo hago lo hago y si lo puedo disfrutar, lo haré. Los médicos me van a controlar, si me encuentro mal, me van a ver y si tengo que parar, puedo hacerlo. 

¡¡Fiesta del gluten!! 

Me he bloqueado. Quiero comer tantas cosas que no se me ocurre cuales. Empiezo a hacer un plannig como Dios manda para que no se me olvide nada de lo que quiero comer estos tres días y escribo a mi hermana y a mi prima, ambas celiacas, para que me ayuden a elegir y babeen conmigo.

Mi prima me anima y me propone cosas. Mi hermana me ha regañado: dice que si estoy loca, que me voy a poner mala y que por qué lo hago. Contesto que alguien lo tiene que hacer porque no se me ocurre nada más. 

Que siga la fiesta: 

El primer día pienso desayunar porras con chocolate; el segundo café y donuts y el tercero croissant a la plancha con mantequilla y mermelada. En bar.



Voy a encargar un roscón en la panadería de mi barrio. Es algo que como ya y que me gusta en su versión desglutinizada pero ¡¡ay!! ese roscón ... ese de todas las noches de Reyes en casa, ese no lo cato desde hace años. Adjudicado: pido uno pequeñito y comparto, que tampoco quiero pasarme.

Y como tengo por medio un viernes enterito y un sábado, voy a salir de tapas. Donde sea, como sea y con quien quiera.

Ya está. Ese es el plan. ¿Para qué más?

A lo mejor una torrijita ...

Ah, y un bocata. De jamón, claro. 




Es curioso lo que me ha costado elegir y que, siendo yo más de salado, he tirado en mayor medida por lo dulce, pero ya está organizado el tema. Mañana iré al hospital a hacerme la primera extracción de sangre y a hablar con la doctora. 



¿Me he olvidado de algo?

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En anteriores capítulos: 



martes, 18 de noviembre de 2014

Tres días con gluten: Prólogo

Hoy vengo a contaros una cosa importante. Lo hago después de meditarlo mucho porque no quiero polémica ni que nadie cuestione lo que estoy haciendo.

Estoy participando en un estudio de investigación. Es algo voluntario y muy serio, no un experimento de ningún iluminado sino llevado a cabo por médicos y profesionales de la sanidad madrileña de uno de los hospitales de referencia de nuestra Comunidad. Estudia alteraciones, no sólo en los marcadores específicos de enfermedad celiaca, sino en nuestro sistema inmonológico cuando consumimos gluten. 

Me siento segura, controlada y también orgullosa de poder formar parte de algo importante y me apetece compartir mi experiencia no desde el punto de vista médico porque me siento incapaz de hacerlo y de transmitirlo bien (aunque prometo hacerlo cuando pueda), así que lo haré única y exclusivamente con mis vivencias en estos días: cómo lo he vivido, qué he sentido y las cosas que me han pasado.

Así que, queridos amigos, si queréis seguir este pequeño diario de sólo unos días, os invito a compartir conmigo qué se siente, qué se come y qué pasa cuando, después de 8 años de estricta y rigurosa dieta sin gluten, te pasas tres días al lado oscuro: tres días con gluten.

Lo que he sentido, no lo esperaba ni yo.

¿Queréis saber más? 

El diario de esta aventura empieza. Mañana: Capítulo 0.

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Sigue leyendo:






lunes, 10 de noviembre de 2014

Sin gluten: Cous cous

Comer es un placer. Uno grande del que podemos disfrutar cada día y que puede verse incrementado dependiendo de qué, con quien, cómo y dónde lo hagamos. De la cantidad de veces que comamos algo, de la intensidad de los sabores, de los recuerdos que nos despierte, de quien lo haya cocinado y, también, en nuestro caso, del fácil o difícil acceso que tengamos a los alimentos. 

Yo recuperé el placer de comer cous-cous y el grandísimo también de cocinarlo y disfrutar en mi cocina de esa mezcla de olores y sabores cuando la marca Probios puso a nuestro alcance una sémola de maiz para poder hacerlo. Un producto que, además, era difícil de encontrar y que además tenía que comprar en cajas completas que compartía con mi querida amiga Maria Luisa del blog Zerogluten. Yo compraba en Madrid cous-cous y lo enviaba a Jerez y ella me mandaba harina de garbanzo a cambio.

Volvimos a perder la oportunidad de comerlo cuando empezaron a etiquetar con trazas de gluten y me tuve que pasar al cous-cous de arroz que, tengo que decirlo, no cumplió ninguna de mis expectativas. 

Y luego ha sido dejadez extrema, pereza de ir o pedir online, porque ahora, la misma marca podéis encontrarla online en un montón de tiendas y hace ya tiempo, la verdad.

Y con el ingrediente más difícil de encontrar en mi despensa, ya no tenía excusas para retrasar el momento y sólo tenía que elegir los demás. Esta vez opté por el cordero y, con cada bocado, me alegré de mi decisión. Compré una buena paletilla de cordero recental y me  puse manos a la obra.



Ingredientes:


  • 200 g. de cous cous de maiz marca Probios - Viva Mais.
  • 1 K. de carne de pollo, ternera o cordero. Yo usé cordero.
  • Verduras: judias verdes, calabaza, zanahoria, calabacín, guisantes, nabo, repollo, apio, puerro, membrillos. Al gusto o según temporada.
  • 1 cucharada sopera de Ras al Hanout
  • 1 palito de canela
  • 1 manojo de perejil.
  • 1 cebolla
  • 2 tomates maduros.
  • Ciruelas pasas
  • Uvas pasas
  • Almendras.


Verduras. Utilicé: zanahoria, calabaza, judias verdes, puerro y apio.

Elaboración:


  • En aceite de oliva, se hace un sofrito con la cebolla y el tomate troceados.
  • A continuación se rehoga la carne partida en trozos, cuando ya esté bien rehogado y dorado se le añaden las frutas, las almendras y la cucharada de especias y se revuelve todo bien.
  • Cubrir con agua (lo justo para que lo cubra) y poner el manojo de perejil  y el palo de la canela. 
  • Mientras tanto, en otra cazuela, se van cociendo las verduras por separado, con caldo que iremos sacando de la olla donde está la carne. (Será necesario ir añadiendo pequeñas cantidades de agua a la carne).
  • Cuando esté toco bien cocido. Juntamos los caldos de las dos ollas.




  • Para la sémola, seguir las instrucciones del fabricante. En este caso sólo hay que añadir el líquido (caldo de cocer la carne y las verduras mezclado) recomendado y dejarlo reposar 5 minutos. (200 gr. se sémola - 200 ml de caldo).
  • Cuando esté la sémola, se le echa una cucharada de mantequilla para que se quede suelta.
  • Finalmente se sirve todo por separado, las verduras, la carne y la sémola que pondremos en una fuente y regaremos con el caldo.

Nota: Yo voy añadiendo sal, pequeñas cantidades en cada paso: el sofrito, la carne, el caldo ... y luego voy corrigiendo durante todo el proceso. 



Espero que os guste la receta y ... ya que estás aquí, una preguntita:

¿Qué platos son para ti un placer cocinar o comer? 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Mediasnoches sin gluten - Receta mejorada

El domingo tuvimos de nuevo un taller donde aprendimos a elaborar productos de bollería sin gluten. Fue el primero que no era de pan de los que he impartido hasta ahora y donde, algunas personas que ya han hecho sus pinitos en la cocina, se atrevieron con un par de elaboraciones sin gluten: donuts y mediasnoches.

Me atrevo a decir que, por lo menos, la gente que asiste a estos talleres y trabaja con sus propias manos, sale con la sensación de que se puede seguir disfrutando de algunas cosas que creíamos perdidas en nuestra dieta sin gluten y, también importante, que pueden hacerlo solos y en casa.

Espero no equivocarme y que todos lo intenten.






Como os he dicho, hicimos donuts y mediasnoches. En cuanto a la receta de donuts, es algo que no he cambiado y que mantengo y sigo haciendo tal y como publiqué hace ya tiempo y que podéis ver en este post. Salvo, logicamente, el sistema de amasado porque ahora tengo otros medios para hacerlo.


Sin embargo, con la receta de mediasnoches, sí que he ido haciendo cambios hasta conseguir las que más me gustan. Se puede jugar con las harinas y, manteniendo los 400 gr. de harina panificable, ir cambiando los otros 100 gr. de harina por aquellas que más nos gusten. El trigo sarraceno es mi harina favorita y la que, en mi opinión, aporta mejor sabor a panes y bollos, pero podéis cambiarla por otra que os guste más o hacerlas con toda la harina panificable si os cuesta encontrar las otras.





Allá va la receta: 

Ingredientes:

- 400 gr. de harina Proceli 
- 60 gr. de harina de arroz 
- 30 gr. de harina de trigo sarraceno 
- 10 gr. de harina de garbanzo 
- 10 gr. de levadura fresca de panadería. 
- 180 ml. de leche 
- 125 gr. de mantequilla a temperatura ambiente 
- 4 huevos pequeños. 
- 1 cucharadita de sal. 
- 80 gr. de azúcar 
- 1 huevo adicional para pincelar 
Nota: utilizar huevos y mantequilla a temperatura ambiente. 




Elaboración:


- Mezclar en un bol los líquidos: leche, huevos y mantequilla. 

- Cubrir los líquidos con la harina, el azúcar y la levadura fresca desmenuzada por encima de ésta. 

- Amasar 2 minutos. 

- Añadir la sal. 

- Seguir amasado durante 8-10 minutos hasta que todos los ingredientes estén muy bien ligados y no se vean grumos.

- Dejar levar la masa hasta que, aproximadamente, doble su volumen. 

- Volver a amasar dos o tres minutos para sacar el aire. 

- Con las manos mojadas hacemos bolitas de unos 50 gr., las aplastamos un poco y las colocamos en la bandeja del horno con papel de hornear. 

- Dejar que de nuevo doblen su volumen. 

- Pincelar las mediasnoches con huevo batido. 

- Precalentar el horno a 250º, arriba y abajo. 

- Cuando esté a esa temperatura, meter la bandeja en el horno, a media altura, y bajar inmediatamente a 220º. 

- Hornear durante unos 6 minutos (hasta que las medianoches estén doraditas). 




Creo que salta a la vista el resultado final, pero para apreciar su sabor, su textura y las miles de combinaciones y rellenos que se les puede poner, os va a tocar meter las manos en la masa.


jueves, 16 de octubre de 2014

Pan sin gluten paso a paso para principiantes.

¡¡Buenos días!! Sigo viva (por si alguien tenía alguna duda) y reaparezco hoy como no podía ser de otra manera: con pan.

Adoro hacer pan. Me encanta. Me gusta ver como evoluciona, como huele, como cambia durante el proceso de forma, de textura, de olor ... Ese olor ácido cuando está fermentando y ese olor a pan recién horneado que deja en tu casa. Y me gusta comer pan.

Me ha costado muchos experimentos, muchas pruebas tiradas a la basura, muchas harinas diferentes, procesos y recetas de aquí y de allá para terminar por darme cuenta de que el pan no me salía porque no sabía hacerlo.

El pan es técnica pura, es química y es un milagro de la naturaleza que merece la pena observar con mucha atención.

Hoy se celebra el día mundial del pan y yo, con mi post de hoy, quiero participar en este evento transmitiendo, a todos aquellos que estéis empezando y que tengáis problemas al hacerlo en casa, que se puede, que es fácil y que sólo hay que seguir bien el procedimiento. Para demostrar que esto no es un teoría mía, que todo el mundo puede hacer pan si sabe cómo, no me he limitado a preparar este paso a paso, sino que he hecho un experimento previo. He tenido para ello la ayuda de cuatro voluntarias: Mónica, Sara, Beatriz y Miryam. 

Y ¿qué hemos hecho las cinco? Hemos tenido una sesión online y en directo de pan. Hemos dedicado una mañana de sábado a trabajar juntas y la vez. Yo, dirigiendo un poco el tema, y ellas cumpliendo rigurosamente las instrucciones que les iba dando y que son muy similares a las que podéis ver a continuación.

Todas, sin excepción, sin experiencia previa o con varios intentos fallidos anteriores, han conseguido hacer su pan, así que creo, porque así me lo han dicho, que a pesar del tiempo que le tuvimos que dedicar casi en exclusiva, están satisfechas con la experiencia.

Muchas gracias a las cuatro por colaborar.

Al final de este post eterno, os voy a contar mis conclusiones, pero antes, os dejo con el paso a paso de la receta más básica con la que podéis empezar a experimentar con el pan y que es la que hemos seguido nosotras. Allá va:




Ingredientes:


  • 250 gr. de harina Schar Mix B (Pan).
  • 200 ml. de agua
  • 6 gr. de levadura fresca de panadería
  • 1 cucharadita de postre de sal
  • Un poco de leche (como un dedo)
  • Una cucharadita de postre de azúcar
  • Aceite de oliva: 3 cucharadas soperas.


Elaboración:

- En un vaso de plástico, poner un poco de leche (como un dedo) templada. (Foto 1)

- Añadir una cucharadita de azúcar y la levadura desmenuzada (Foto 2).

- Remover.

- Esperar a que se active la levadura. Se formará una espuma que subirá hasta arriba del vaso. Esto nos puede llevar entre 10 y 15 minutos, pero si el tiempo es muy frío, puede ser algo más.

Notas:

Si has hecho pan alguna vez, sabrás que este paso no es en absoluto necesario y que echando directamente la levadura en la harina puedes hacerlo también, pero así, vamos a conseguir dos cosas:

  1. Tener la certeza de que no hay problemas con la levadura, no está estropeada o "muerta". Funciona.
  2. La masa de después fermentará más rápido porque ya está activa la levadura.

Seguimos!

- Mientras la levadura se activa en su vaso, preparar los ingredientes.
- Harina en un bol (foto 1) y medir el agua.
- Echar la harina en el vaso de la amasadora y a continuación, el agua.
- Añadir el contenido del vaso de la levadura.
- Amasar durante dos minutos.
- Añadir la sal.
- Amasar un minuto.
- Añadir el aceite de oliva.
- Amasar durante 5 minutos más.

Notas: El pan de esta receta está elaborado con una amasadora pero, por supuesto se pueden utilizar otras herramientas.

  1. Con thermomix: Echar todos los ingredientes menos la sal. Amasar un minuto, añadir la sal y amasar tres o cuatro minutos más a velocidad espiga. 
  2. Con panificadora: Seguir las instrucciones del fabricante: líquidos abajo, después harina y levadura. Cuando lleve un par de minutos amasando: la sal.


- La masa está lista cuando se pueda apreciar que es elástica, no quedan grumos de harina en ella y podamos formar una bola lisa (Foto 1). Tapar el recipiente con un paño de cocina o papel film para que no se reseque la masa.

- Dejar fermentar/levar la masa hasta que, aproximadamente doble su volumen (Foto 2).

- Amasar de nuevo para quitarle el aire a la masa. Un par de minutos serán suficientes. (Foto 3).


Notas: El tiempo de fermentación de una masa es muy variable dependiendo de la temperatura y la humedad del lugar donde lo tengamos. Intentar proteger la masa de corrientes de aire y de sitios demasiado fríos de la casa. Buscar un sitio templado o meter en el horno cerrado o en algún armario puede ayudar a prevenirlo, pero ojo, sigue dependiendo del lugar donde estemos, la época del año ... Paciencia.



Cuando la masa ya esté levada y desgasificada:

- Preparar una bandeja de horno con un papel antiadherente o una baguettera. (Foto 1)
- Mojar muy bien las dos manos con agua. (Foto 2)

Notas:

- Las harinas sin gluten requieren para su hidratación una mayor cantidad de agua que las harinas convencionales. El resultado es una masa pegajosa que es muy difícil de manipular. Las manos mojadas ayudan a que no se pegue y hay que ir remojándolas con cada manipulación.


Con estas cantidades de la receta, nos saldrán unos seis panecillos, para formarlos:

- Hacer una bola y, con las manos mojadas, ir alisando hasta dar forma un poco alargada (Foto 1).

- Volver hacia un lado e ir metiendo los extremos hacia abajo para tener de nuevo forma de bola  primero y luego otra vez alargada (Foto 2 ¿Se parecia que se ha ido empujando la masa hacia la palma de la mano?).

- Espolvorear con un poco de harina. ¡Ojo! A pesar de lo que se ve en la foto (no podía hacerla con las dos manos ocupadas), nuestros panecillos no son croquetas. No hay que abusar de la harina. Usar la cantidad justa para terminar de darle forma. (Foto 3)

- Panecillo listo para esperar el segundo levado (Foto 4).

Notas:

- Empujar hacia abajo la masa al darle forma, ayuda a que el pan quede más bonito. La masa "sabe" que tiene que subir y no expanderse.

- Dejar el pan lo más liso posible y bonito en este paso, ayuda al resultado final también.


- Los panes, ahora formados, tienen que tener un segundo levado o fermentación. Tienen que doblar su volumen. (Foto 1).

- Cuando estén listos, podemos realizar un corte en la parte superior con algo muy afiliado (Vale, no es el caso de la foto, pero os lo imagináis ¿no? (Foto 2).

Notas: 

El tiempo de este levado, suele ser inferior al del primero dado el tamaño de las piezas, pero igualmente depende de las condiciones de temperatura y humedad.



Horneado:

Atención a este paso. Muy, muy importante.

- Precalentar el horno a temperatura muy alta: 220º.
- Meter la bandeja con los panes.
- Echar rápidamente un vaso de agua en el fondo del horno y cerrar inmediatamente (Ver notas)
- A los diez minutos, si has optado por meter una bandeja con agua, hay que sacarla. Si echaste el agua directamente, ya no habrá vapor. (Ver notas)
- Bajar la temperatura del horno. Dependiendo del horno entre 180º y 200º.

Notas: Para conseguir una corteza fina y crujiente, un buen color y una forma perfecta, la humedad del horno es un factor importantísimo. La mayoría de los hornos de casa, aunque sí los profesionales, no tienen opción de humedad, así que, utilizamos uno de estos dos sistemas:

- Si el horno no tiene fugas y lo permite (esto lo vais a tener que probar) echarmos agua directamente en el horno muy caliente, en su base y cerramos inmediatamente.

- Si el horno pierde el agua al echarla, al encenderlo para el precalentado, colocar una bandeja resistente al calor en el fondo del horno con agua. Un dedo de agua es suficiente.

Sea como sea, en los diez primeros minutos de horneado, verás algo parecido a esto:

Una vez terminado de hornear el pan, sacar del horno y poner a enfríar en una rejilla inmediatamente.

Notas: Si dejamos enfriar en la misma bandeja, podría humedecerse la masa y perderíamos nuestra corteza crujiente.

Igualmente, no es aconsejable guardar en ningún tipo de recipiente o congelar el pan mientras esté caliente.




Si sigues todos estos pasos, respetas los tiempos y tienes la paciencia necesaria para hacer pan, no tengas ninguna duda de que, tarde o temprano, vas a conseguirlo.


Mis conclusiones y consejos:

- Hay que leer bien la receta. Cuando digo leer, me refiero a algo como el estudio: una primera lectura para ver que es la receta que queremos hacer y una más detallada, o dos o tres, cuando queramos trabajar con ella. Esta conclusión no la he sacado sólo de esta jornada. Mis años en el blog y en redes sociales me llevan a ella. La receta no son solo ingredientes.

- Hay que tener paciencia. El proceso del pan lleva horas. Amasar, levar, volver a amasar, volver a levar, hornear, reposar ... No es cuestión de minutos, sino de horas y casi ningún proceso se puede acelerar. 

- Los tiempos son orientativos. Si no ha subido la levadura en diez minutos; si no ha levado el pan, aunque haya pasado la hora que la receta dice; si el pan está crudo, aunque lo hayas tenido en el horno el tiempo que la receta dice, necesitas alargarlos. Tu casa, tu horno, son diferentes y tienes que conocerlos. 

- Probar, probar y probar te van a llevar a hacerlo bien. No desesperes si no te sale bien a la primera. Te va a salir a la segunda o a la tercera o a la cuarta, cuando todo lo que hemos dicho antes lo estés haciendo bien. REcuerda:

Lectura, paciencia y conocimiento = Éxito

Y ahora, ¿me cuentas tu experiencia con el pan?


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